Hoy es el día de Santa Cecilia. He de reconocer que desde que un día alguien me dijo que su patronazgo de la música era debido a un malentendido, sin buscar más información, me conformé con pensar que la música no tenía un verdadero patrón.

La cuestión es la siguiente: parece ser que en el texto original de las actas de su martirio se refieren “hornos candentes” (“candentibus organis”) y no de que cantaba mientras tocaba el órgano (“canéntibus organis”), como parece ser derivaron posteriores traducciones.

Aunque no he podido profundizar en la cuestión, la crítica parece bastante razonable. No obstante, en las actas, fuera de cualquier controversia respecto a la traducción hay otro pasaje relacionado con su boda en el que se afirma:

«Vino el día en que el matrimonio se celebró, y, mientras sonaban los instrumentos musicales, ella (la virgen Cecilia) en su corazón a su único Señor cantaba [diciendo]: Haz, Señor, mi corazón y mi cuerpo inmaculados y no sea yo defraudada (que es una paráfrasis del salmo LXX: In te Dómine speravi; non confundar in aeternum).

Son pues muchos los que quedan defraudados pensando que, como su atribución de organista fue debida a un error de traducción, Santa Cecilia fue erróneamente considerada patrona de la música. Pero lo cierto es que tal decepción tendría únicamente sentido si solo fuera patrona de los organistas.

Sin embargo y paradójicamente, a traves de lo poco que sabemos con certeza, Santa Cecilia ya nos revela algunas claves necesarias para cualquier músico que aspire a crecer, no solo en musicalidad, sino también en hondura y espiritualidad: 

1- Capacidad para escuchar y dejarse inspirar: ella entona una oración en su interior mientras suena la música: la aspiración más alta de la música es la de despertar el interior de las personas que la escuchan. Para ello un músico debe escuchar también su interior al tocar. En santa Cecilia la música despierta una oración profunda y vital que tiene que ver con su vida, con la esencia de su vocación y que marcará su futuro. La tradición nos cuenta que después de ese voto de castidad, y gracias a su convicción para expresar su vocación, Cecilia consiguió convencer a su marido de que se convirtiera a la fe cristiana y respetase su vocación a la castidad. La música puede inspirar decisiones profundas, porque va directa al corazón, y es en los afectos dónde se toman las decisiones más importantes. Ella supo escuchar y dejarse inspirar y en esto ya es un ejemplo para cualquier músico.

2- Cecilia entona un salmo en su interior. Su oración en efecto es un salmo, y aunque hoy en día los salmos no se suelen cantar (por desgracia en la Iglesia Católica se ha perdido demasiado esa tradición), en la época de Santa Cecilia (S. III), no se concebía otra manera de recitar un salmo que no fuera cantada. Luego es lógico pensar que Santa Cecilia cantaba, orando internamente. En este gesto se unen tres características importantes para un músico que aspire al más elevado nivel musical.

  • Cantar. Parece obvio, pero no todos los músicos cantan cuando tocan. Me explico. Tocar un instrumento puede convertirse en un conglomerado de acciones: pongo el dedo aquí, aprieto ahí… Pero lo que de verdad da sentido a esas acciones es el canto interno. El músico que canta internamente sabe para qué se mueve. Afina mejor, es más expresivo y falla menos.
  • El oído interno es clave para un músico, incluso para un cantante. Es como leer internamente, pero escuchando en la cabeza los sonidos. Esto hizo por ejemplo posible que Beethoven compusiera música aun estando sordo. Las cualidades del oído interno se pueden aplicar a un instrumentista como he explicado en el punto anterior, pero también a un cantante o a un director de orquesta. Cuanto más educado está, mejor puede el músico entender cuál es el mejor resultado posible.
  • Alma y corazón. Se trata de llevar también el sonido, el canto, el tocar a la dimensión espiritual, que incluye los afectos y las emociones, los anhelos profundos de la persona. Cecilia canta algo que es un salmo ya escrito, pero sobre todo tiene que ver con su entrega, con su vida, en un momento de profunda contradicción como es el matrimonio, obligado, de una persona que siente en su interior que su vocación pasa por la entrega a Dios el resto de su vida.

Hoy, día de Santa Cecilia, no puedo más que agradecer el hecho de tener una patrona, que comprendió mejor que nadie el sentido de la música y que con un acto tan sencillo y tan genial como entonar un salmo en su interior, nos enseñó en qué consiste este arte tan maravilloso.