Cantar o tocar no siempre es un ejercicio espontáneo. Muchas veces se mide la profesionalidad de un músico por su capacidad para tocar o cantar con aparente naturalidad y alegría, aun sufriendo por cualquier causa, física o anímica.
También hay veces en que la música fluye naturalmente, la voz adquiere un tono natural o el instrumento parece casi como si sonase solo. Evidentemente contribuyen muchos factores físicos, pero sobre todo el estado de ánimo y el ambiente. Tampoco es casual que la gente común, con cierta inclinación natural a la música, cante o silbe cuando se encuentra de buen humor (la otra posibilidad es que estén disimulando algo, como en los dibujos animados). Y es que la alegría, la satisfacción por algo, o simplemente sentirnos bien, nos anima a cantar.
Estos días previos a la Navidad, me vuelve a sorprender como la música adquiere un papel central: en la radio no dejan de sonar villancicos o temas asociados a la Navidad. Un día sí y un día también, hay conciertos de temática navideña, y en muchas casas, por suerte, todavía existe la tradición de cantar juntos en Nochebuena, acompañados por panderetas, en estado de mayor o menor sobriedad.
Evidentemente, para los más reacios a celebrar la Navidad, este exceso musical resulta cansino. He de reconocer que para mí también podría llegar a serlo si el 25 de enero siguiésemos cantando villancicos y comiendo polvorones, como quien termina la fiesta en el último afterhours abierto.
Pero justo en estas fechas, para muchos de nosotros, la música resulta tan oportuna como cantar en la ducha después de un día de satisfacciones, porque existen motivos, profundos motivos, para estar alegres. Es la tradición, pero es mucho más que eso. Es una reacción espontánea a la celebración del nacimiento del niño que cambió el rumbo de la historia y cuyo poder transformador sigue vigente hoy en día, cambiando vidas en todo el mundo. Se trata de un fenómeno que no conoce de fronteras ni de épocas emocionando directa e indirectamente a personas en todas partes.
Después de más de dos milenios, el portal sigue irradiando la misma armonía, paz y alegría a los sabios y a los humildes que se acercan. Juntos pueden entonar melodías que se entrelazan con el canto de los ángeles, y nos recuerdan que la música, llena de afecto y agradecimiento, es la más preciada ofrenda que el ser humano puede entregar a su creador, y ser símbolo, una vez más de la paz, el perdón y colaboración necesarias para la construcción de un mundo mejor.
¡Feliz Navidad a todos!
Deja un comentario